
29/03/10
Villa de pescadores y puerta de entrada del Parque Los Haitises, Sabana de la Mar atraviesa el túnel de manglares más extenso del Caribe y llega hasta las cuevas y la foresta tropical más extensa de República Dominicana.
Al llegar a la isla la Española, enclavada en el mar Caribe, Cristóbal Colón se maravilló de la belleza del paisaje y de la dulzura del clima. Ese mismo hechizo se siente actualmente cuando se conoce República Dominicana, con sus playas y forestas tropicales, su geografía montañosa y sus pintorescos pueblos, su música y su gente hospitalaria y amable.
``República Dominicana lo tiene todo'' afirma Rafael Nuñez, Director de Información y Prensa de la Presidencia y añade: ``El turismo es un eje fundamental en nuestro desarrollo porque el país tiene mucho que ofrecer y deseamos que nos visiten''.
Sin duda, la oferta de la nación antillana es múltiple, pero para los amantes de la naturaleza, República Dominicana, es un Tesoro a descubrir por su exuberante naturaleza y sus parques ecológicos.
Carlos Romero Ortíz es guía profesional y explica: ``En el año 2000, el Sistema Nacional de Areas Protegidas, según la Ley 64, declaró 40 zonas entre parques nacionales, refugios de fauna y reservas científicas. Estos ecosistemas, tanto terrestres como marítimos, están dedicados a la protección y el mantenimiento de la biodiversidad. La belleza de algunas zonas ha merecido el reconocimiento internacional de la UNESCO, tal es el caso de los parques nacionales Jaragua, Sierra de Bahoruco, lago Enriquillo. Otros, como el parque Los Haitises, se han convertido en preferido de los amantes de la naturaleza''.
Para conocer el parque nacional Los Haitises nos dirigimos a la Provincia de Hato Mayor del Rey, creada en el siglo XV por el Gobernador Nicolás de Ovando, a unas tres horas de la capital Santo Domingo, por la carretera hacia la Costa Este, bordeada de cañaverales de azúcar, campos ganaderos y forestas tropicales.
Llegamos al municipio de Sabana de la Mar, villa de pescadores cuyo embarcadero conecta con Samaná, en la otra orilla de la Bahía y sirve de enlace para visitar el Parque Nacional Los Haitises.
Pasamos la noche en Paraíso Caño Hondo donde nos recibe su dueño, el arquitecto Reinaldo de León, oriundo de la región. ``Este albergue ecológico fue creado en 1999 --nos dice-- como una extensión del parque y para abrigo de los excursionistas. Esta tierra fue primero una zona bananera de exportación, había un ferrocarril que mi bisabuelo vino a cerrar, luego se convirtió en zona arrocera y actualmente, sin perder los cultivos, es zona ecológica''.
La arquitectura del hostal respeta la naturaleza y sigue el curso del agua repartida en 6 piscinas naturales, construidas en piedra. La decoración del hostal se debe a los artesanos locales y la comida también es típica. Se puede saborear el pescado ``la minuta'', un delicioso arroz con coco y el sabroso Lambí, a base de hierbas y caracol.
A la mañana salimos en barco hacia el Parque, atravesando un túnel de manglares, los más extensos del Caribe y nos enteramos que el manglar es fijador de la tierra, protector de los vientos y un excelente banco de peces, se recicla formando sedimento fértil, aunque al morir no vuelva a crecer.
``El Parque Los Haitises'', explica el biólogo Rafael Mieses, ``tiene 1,200 km2 incluyendo la Bahía de San Lorenzo, las cuevas y la foresta tropical, es el más extenso de República Dominicana y alberga más de 110 especies de aves, como garzas variadas, pájaros migratorios y otros residentes. Podemos ver muchas cotorras, pelícanos, el barrancolí de vivos colores y el gavilán, que fue diezmado en otras regiones pero que se conserva en este parque''.
El barco bordea unos montículos de extraña configuración, son los ``Haitises'', nombre indígena que significa ``tierra alta'' o mini-colina de 30 a 50 metros de altura. El parque estuvo sumergido millones de años y al emerger consolidó estos bloques macizos calcáreos, cuya morfología se encuentra también en Cuba y en China.
Los haitises dibujan una bella y rara geografía en el azul intenso del mar, por eso el parque es usado como escenario para filmaciones y series televisivas por su exuberante naturaleza, sus playas y la belleza de sus paisajes.
Navegamos por la Bahía de San Lorenzo donde la pesca está prohibida y donde se pueden observar delfines, manatíes y tortugas. En las orillas se encuentran más de 20 cuevas, las más conocidas son la Cueva de la Línea, la Arena y San Gabriel.
Los indios tainos habitaron este lugar y dejaron varios testimonios en las grutas. Su cultura era agrícola pero practicaban la caza y la pesca. Su religión era politeísta y animista, adoraban al Sol y creían en otra vida, su idioma era el arawak y fueron exterminados durante la conquista, muchos se refugiaron en la selva y las montañas y forman parte de la identidad étnica de la población dominicana.
La Cueva de la línea (llamada así por los rieles del ferrocarril que la atraviesan) conserva un verdadero Museo pictórico taino y sus pictografías son consideradas las más importantes del país. Pudimos observar en las paredes dibujos de aves y animales, también representaciones de dioses.
Según la leyenda la princesa Onaney, se refugió en esta gruta después de haber traicionado al cacique Caonabo.
La gruta de la Arena tiene una pequeña playa, en la entrada se observan algunos petroglifos o imágenes talladas en la piedra. Al entrar los murciélagos revolotean en lo alto y la luz penetra por bellas ventanas naturales, entre las rocas. La espeleofauna es variada, además de murciélagos, hay golondrinas, arañas y el solenodente, una suerte de zorro pequeño.
Uno de los mayores atractivos del parque es la observación de aves que se hace muy temprano en la mañana, otros prefieren visitar playas vírgenes y nadar en las cálidas aguas caribeñas o hacer cabalgatas a la luz de la luna.
Son muy populares las caminatas por el bosque húmedo con 700 especies de plantas y una gran variedad florística. Se recomienda calzado apropiado, sombrero, protector solar y repelente.
El Capitan ``Cabo'' sugiere hacer el avistaje de ballenas, en el santuario de las Ballenas Jorobadas, en la Bahía de Samaná. Este mamífero marino llega para reproducirse entre el 15 de enero y el 15 de marzo. La picardía criolla dice que los mares están surcados de crías balleneras dominicanas, porque nacen en territorio nacional.
El paseo en canoa por el rio Yuna hasta la ensenada de Caño Hondo, entre los manglares es especialmente bello, por el paisaje silvestre, los reflejos dorados del sol sobre el agua y el trinar de los pájaros.
La naturaleza parece dialogar con el hombre en estos parajes dominicanos, invitándonos a disfrutar de este paraíso ecológico y único. •

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